Peter Gabriel ya no impacta en las listas de éxitos radiales como en la década de los 80, pero sus composiciones son un capital que él sabe capitalizar en conciertos memorables, como el de anoche en el Movistar Arena de Santiago.
El show, que fue precedido de dos canciones interpretadas por las coristas de su actual gira, se prolongó por dos horas y media, sin el intermedio que había sido anunciado.
La puesta en escena privilegiaba el rol del director, quien dirigía a la llamada The New Blood Orchestra, a la cual se sumaron dos decenas de chilenos. En total 47 músicos clásicos sobre el escenario.
Unas 9 mil personas siguieron sentados el concierto, el cual en su primera parte privilegió temas ajenos (David Bowie, Lou Reed, Talking Heads) que fueron parte de su primer álbum sinfónico ("Scratch my back").
Estas canciones fueron presentadas en arreglos realmente adaptados para una orquesta, cambiándolas tan radicalmente que algunas sólo se reconocían por sus letras y no por su sonoridad original.
En esa primera parte del espectáculo, primó el aprecio del trabajo de la orquesta, el cual fue acompañado por un despliegue visual muy a tono con el arte que tradicionalmente el músico desplegó en sus videos, campo en el cual siempre destacó como un pionero.
Las dos pantallas laterales que en otras ocasiones se limitan a reproducir primeros planos del cantante o detalles del espectáculo aquí tenían una propuesta independiente que se sumaba al despliegue del escenario y a su pantalla superior y a las 3 posteriores. En suma, un show que no sólo era un gozo para los oídos sino también para la vista.
En la segunda parte del show se fueron sucediendo éxitos como "Solsbury Hill", "Mercy Street", "Red Rain" y "Biko". Todas ellos son parte de su álbum "New Blood", lanzado este año y gran excusa para su actual gira de conciertos.
Peter Gabriel no habló en inglés. Un detalle que revela su respeto por el público. Por el contrario, leyó notas en castellano que explicaban la historia detrás de algunas de sus canciones, lo que ayudó a generar esos momentos únicos que se buscan y agradecen cuando forman parte de un concierto.
La experiencia llegó a su clímax cuando, luego del clásico "In your eyes", el artista presentó otra canción muy querida: "Don't Give Up". Ambos clásicos de su disco "So", el cual marcó la cima de su popularidad en Chile y en el mundo, allá por 1986.
No hubo bises y tampoco correspondían. Se trataba después de todo de una experiencia que quería ser sinfónica, y no un concierto de música popular convencional.
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